¡Migajas de un Soñador, Versión 2026!
Edmundo González @EdmundoGU (julio 02, 2026): Hay principios que no admiten negociación.
El derecho de todo venezolano a entrar, permanecer y regresar a su propio país no depende de una autorización del poder. Es un derecho reconocido por la Constitución y por el derecho internacional de los derechos humanos.
@MariaCorinaYA, como cualquier venezolano, tiene el derecho de entrar a Venezuela. Defender ese derecho es defender una garantía que pertenece a todos los ciudadanos, más allá de cualquier posición política.
Un país no puede reconstruirse mientras sus ciudadanos dependan del permiso del poder para volver a casa. Venezuela volverá a ser una República y en ese momento los venezolanos ejercerán sus derechos.
¡María Corina es un sentimiento nacional en cuerpo y alma! ¡Ella se ganó el derecho de representarnos, nadie le regaló nada! ¡María Corina tiene que entrar a Venezuela, “Cueste lo que cueste”! ¡María Corina Machado descarta pedir protección para su regreso a Venezuela! ¡María Corina pudiera capitalizar el descontento de la población y liderar una rebelión en contra del régimen! MCM: «Mi presencia estabiliza y ayuda en la organización que hace falta». ¡Te contaré una historia (35)!
¡Crónica de un Sueño de “Libertad y Vida” XXXV! ¿Quién dijo miedo? ¡María Corina la mujer que sembró de esperanzas el vientre de Venezuela, hacia la libertad y la democracia! ¡La Indomable! María Corina Machado: ¡¡Hoy estamos iniciando el regreso a casa!! ¡¡Vamos a hacer lo que haya que hacer. Vamos a ganar, vamos a expulsar el mal de nuestro país!! ¡Levantad la voz y haced las maletas volvemos a Venezuela! “Abascal define a María Corina como una "referente internacional de la libertad".
Elizabeth Sanchez Vegas @elhabito (junio 21, 2026):
¡El arte de no estar: María Corina Machado y la inteligencia de la espera!
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay una pregunta que un país traumatizado casi nunca se atreve a hacerse, porque la respuesta lo obliga a desconfiar de sus propios reflejos: ¿y si lo que llamamos liderazgo, esa presencia que exige aparecer en cada mesa, opinar de cada cosa, disputar cada metro de terreno, fuera, en realidad, una forma elegante de la ansiedad? Venezuela aprendió durante veintisiete años a leer el poder de una sola manera: como ocupación. El chavismo lo invadió todo, no dejó rincón sin colonizar, y nos enseñó, sin querer, una ecuación falsa que todavía cargamos en el cuerpo: estar es mandar, y no estar es perder. Es bajo esa lente averiada que algunos hoy miran a María Corina Machado y creen ver una ausencia donde lo que hay es una de las decisiones más lúcidas que ha tomado un liderazgo opositor en un cuarto de siglo.
Los griegos, que pensaron casi todo antes que nosotros, tenían dos palabras para el tiempo. Chronos era el tiempo del reloj, el que avanza parejo y se gasta minuto a minuto. Kairós era otra cosa: el instante oportuno, el momento exacto en que una acción se vuelve irreversible y fecunda, el segundo en que la flecha debe soltarse. La política venezolana ha vivido enferma de chronos: la urgencia de llenar cada hora, la compulsión por el titular diario, la confusión entre movimiento y avance. María Corina parece haber entendido lo que pocos: que su tarea no es habitar el chronos de las mesas técnicas, sino custodiar el kairós del pueblo, ese momento todavía por llegar en que millones podrán, por fin, decidir sin miedo. Y ese momento no se anticipa con presencia; se protege con contención.
Conviene nombrar con precisión lo que está ocurriendo, porque ahí se esconde la trampa. El trabajo que hoy se adelanta para reconstruir el árbitro electoral es de ingeniería institucional: diagnosticar y sentar las bases de un Consejo Nacional Electoral creíble, con un horizonte que las partes han señalado de manera referencial hacia el cierre del año, procesos por naturaleza dinámicos, cuyos plazos se ajustarán a la realidad sobre el terreno. Es una tarea técnica, necesaria y, sobre todo, distinta del plano político. Y fue la propia Dinorah Figuera, que hoy encabeza ese trabajo, quien trazó la línea sin ambigüedad: "María Corina es la líder", dijo, mientras se reservaba para sí la institucionalidad. Esa frase no es un gesto de cortesía. Es la cosa más anti-chavista que se ha hecho en años: separar las funciones para que ninguna las contamine todas. El régimen jamás supo distinguir entre el árbitro y el jugador, entre el Estado y el partido, entre la institución y el caudillo. Que hoy alguien construya el árbitro mientras otra persona guarda la legitimidad popular no es una grieta: es la primera lección de república que este país ensaya en mucho tiempo.
Y sin embargo, hay quienes, incluso desde la propia oposición, insisten en leer "tensión", "rifirrafe", "desplazamiento". Es ahí donde uno quisiera detener el reloj y preguntar, con cariño y con cansancio, ¿y todavía no aprendimos a ver las cosas como son? Porque conviene decirlo con todas sus letras: el chavismo está políticamente muerto. No lo resucitarían la dolarización, ni la reparación del sistema eléctrico, ni siquiera, y lo digo sin metáfora, que clonaran al mismísimo Chávez. Esa derrota es definitiva. Pero un cadáver político todavía puede ganar una batalla: la de los espejos. Privado de la fuerza para dividir a la oposición, el régimen apuesta a su última arma, que es comunicacional, urdida en la cocina de los Jorge Rodríguez: que seamos nosotros mismos quienes convirtamos cada avance en una nueva pelea interna. Cada vez que un periodista titula "tensión" lo que es especialización de roles, le entrega gratis al chavismo la tijera con la que ya no puede cortar por su cuenta. Hace, sin cobrar, el trabajo que el enemigo perdió la capacidad de hacer.
Hay aquí, además, una verdad psicológica incómoda. La sociedad venezolana viene de demasiadas traiciones, y la traición deja una secuela: nos volvió incapaces de confiar en la paciencia. Asociamos la espera con el engaño, el silencio con la rendición, la contención con la cobardía. Es un sesgo comprensible, casi una cicatriz. Pero el liderazgo que de verdad cierra ciclos históricos no funciona alimentando esa herida, sino sanándola con el ejemplo. La madurez, en una persona y en un país, se mide en la capacidad de diferir: de no consumir hoy el capital que se necesitará intacto mañana. María Corina no está gastando su autoridad en la trinchera técnica porque entiende algo que el Tao enseñó hace milenios con la imagen de la rueda: lo que hace girar la rueda no son los rayos, sino el vacío del centro. El eje no se mueve. Por eso todo lo demás puede moverse. Ella es ese centro inmóvil, y su quietud no es falta de fuerza: es la condición misma del movimiento ajeno.
María Corina no está ausente del proceso: está presente en la única dimensión que le corresponde, la de quien encarna la esperanza concreta de millones que ya no creen en árbitros comprados ni en resultados anunciados de antemano. El estandarte no se usa para cavar trincheras; se guarda limpio, en alto, para el día de la marcha. Su silencio de hoy no es mutismo: es el silencio que en la música sostiene la nota siguiente, el reposo del que depende que el acorde, cuando llegue, suene entero.
Por eso pido, contra el ruido, una virtud impopular: paciencia. Del 3 de enero a hoy no han pasado ni seis meses. No son cinco años. No se desmonta en cinco meses el escombro acumulado de veintisiete. Nadie le exige a la semilla que dé fruto la semana en que se siembra; el que arranca la planta para ver si la raíz creció mata la cosecha. Hay un tiempo para construir el árbitro y un tiempo para que el pueblo lo use; un tiempo de ingeniería silenciosa y un tiempo de voluntad estruendosa. Confundirlos es el viejo vicio de querer todo el reparto de luces a la vez.
Cuando por fin llegue ese día, el día en que los venezolanos puedan elegir sin trampas, María Corina Machado no llegará gastada. Llegará intacta: con la autoridad de quien supo esperar. Esa es la verdadera medida de su liderazgo en esta hora, una inteligencia serena, casi monástica, que ya está marcando la diferencia entre cerrar este capítulo o repetir, una vez más, los errores de siempre. Esperen. Confíen. La flecha aún no se suelta, pero ya está tensada y apunta, por primera vez en mucho tiempo, hacia casa.
¡Viajar a través de un sueño de “Libertad y Democracia”! (35)
¡María Corina pronto regresa y no viene sola!
Yo voy con María Corina hasta el final y usted
DW, Noticias DW (julio 03, 2026): ¡Machado: “Venezuela se convirtió en un estado fallido”!
La líder opositora estima que su presencia en el país permitiría estabilizar la situación tras los terremotos y que su seguridad será garantizada por “millones de venezolanos”.
La líder opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, dijo este viernes (03.07.2026) que no ha solicitado protección para regresar a Venezuela, algo que espera realizar pronto. Asimismo, dijo que los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del pasado 24 de junio pusieron en evidencia algo que "todos sabíamos: que Venezuela se convirtió en un Estado fallido”.
La política anunció que regresaría al país y, posteriormente, denunció que el Gobierno encargado de Delcy Rodríguez le cerró el espacio aéreo para impedir su retorno. A juicio de Machado, su presencia en terreno sería un factor estabilizador tras los terremotos. "Después de la tragedia, mi presencia estabiliza, es parte de las fuerzas organizadoras que el país necesita", declaró en una conferencia por Zoom.
"Esta tragedia evidenció lo que todos sabíamos, que Venezuela se convirtió en un Estado fallido y que tiene una ausencia absoluta, total, de capacidades de gestionar daños", protestó. Los dos terremotos de Venezuela han causado más de 2.500 muertos y 12.400 heridos, especialmente en el estado La Guaira y en Caracas. Casi 200 edificios colapsaron totalmente, según cifras oficiales.
"Millones de venezolanos"
Según The Wall Street Journal, el Gobierno de Donald Trump habría presionado a Machado y frenado su viaje de regreso a Venezuela por temor a una crisis política tras los terremotos que azotaron al país. La opositora insistió en que regresará a Venezuela y recalcó que busca contribuir con la emergencia. También aprovechó para manifestar que está "profundamente agradecida" con Estados Unidos y otros países.
"Todo el mundo me dice: '¿Quien te va a cuidar?' Bueno, millones de venezolanos", dijo Machado. "Yo no, ni nuestros equipos, requerimos ni hemos solicitado ningún tipo de protección ni que se asigne ningún tipo de recurso a seguridad", indicó. La dirigente salió de Venezuela el pasado diciembre para recibir en Noruega la medalla del Premio Nobel de la Paz, después de permanecer cerca de un año en la clandestinidad.
Estados Unidos consideró recientemente que no es momento de plantear temas políticos "sensibles", como la vuelta de Machado, en medio de la crisis desatada tras los sismos. "Añadir cuestiones políticas sensibles a la situación en este momento es contraproducente para nuestros esfuerzos de respuesta tras esta tragedia", declaró a la AFP el miércoles un portavoz del Departamento de Estado.
¡Una Migaja Final...!
¡Antonio de la Cruz: Por qué Delcy Rodríguez le teme a María Corina Machado!
Las grandes crisis no solo destruyen ciudades. *También destruyen certezas*.
Después del terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, el país quedó dividido entre quienes removían escombros y quienes intentaban conservar el control del relato. Durante algunos días, la política dejó de medirse en discursos, decretos o conferencias de prensa. Comenzó a medirse en otra unidad mucho más elemental: quién estaba presente cuando la sociedad más lo necesitaba.
Fue en ese contexto donde el intento frustrado de María Corina Machado por regresar al país adquirió un significado que trasciende la logística de un vuelo o el cierre de un espacio aéreo. El episodio revela una pregunta mucho más profunda: ¿qué amenaza realmente a Delcy Rodríguez? ¿La fuerza material de María Corina o el significado que ella adquiere para millones de venezolanos?
Los sistemas políticos rara vez colapsan porque aparece un rival más fuerte. Con mayor frecuencia comienzan a resquebrajarse cuando aquello que durante años permaneció oculto encuentra un rostro visible. Hay momentos en los que una persona deja de ser simplemente una dirigente política para convertirse en el espejo donde una nación descubre aquello que el poder ha sido incapaz de resolver.
Ese es el verdadero desafío. No se combate a una persona. Se busca contener el significado que María Corina despierta.
Los estudios sobre el comportamiento humano muestran que las decisiones importantes rara vez nacen de un cálculo frío de ventajas y desventajas. Surgen, sobre todo, del temor a perder aquello que se considera esencial. Cuando el interinato percibe que puede perder legitimidad, capacidad de influencia o autoridad moral, el costo de esa posible pérdida pesa mucho más que cualquier beneficio derivado de una decisión alternativa.
En ese instante, el cálculo deja de ser administrativo. Se convierte en una defensa del equilibrio existente.
La pregunta ya no es si María Corina colaborará en labores humanitarias. La verdadera pregunta pasa a ser otra: ¿qué ocurrirá si millones de venezolanos comienzan a verla organizando ayuda mientras las instituciones oficiales aparecen desbordadas?
La diferencia parece mínima. En realidad, cambia toda la naturaleza del problema.
La economía del comportamiento ha demostrado que las pérdidas imaginadas producen un efecto mucho más poderoso que las ganancias posibles. En política sucede exactamente lo mismo. Un liderazgo alternativo puede percibirse como una pérdida irreversible incluso antes de modificar una sola institución. Basta con que altere la percepción de quien representa la esperanza y quien representa únicamente la continuidad. Por eso tantos gobiernos toman decisiones alrededor del peor escenario imaginable y no del escenario más probable.
Existe además otro fenómeno profundamente humano.
Cuando una estructura de poder no consigue reconciliarse con sus propias debilidades, suele buscarlas fuera de sí misma. Las fragilidades internas encuentran entonces un rostro externo sobre el cual proyectarse. Lo que comenzó siendo una dificultad institucional termina transformándose en la imagen de María Corina cuya presencia parece explicar todos los riesgos.
La líder de las fuerzas democráticas termina cargando un peso mucho mayor que sus propias acciones. No porque posea un poder extraordinario, sino porque concentra las inseguridades de todo un sistema.
Vista desde esa perspectiva, la importancia política de María Corina Machado no depende únicamente de su liderazgo. Depende de aquello que su presencia hace visible.
Cada brigada ciudadana que organiza ayuda, cada red espontánea de solidaridad y cada vacío institucional expuesto por la emergencia amplían el contraste entre autoridad formal y autoridad efectiva. El terremoto modifica silenciosamente el criterio con el que la sociedad comienza a evaluar a quienes ejercen el poder.
En tiempos normales, la autoridad puede sostenerse mediante normas, procedimientos y jerarquías. Durante una catástrofe, la legitimidad cambia de naturaleza. Se mide por la capacidad de resolver. No por la capacidad de ordenar. Es precisamente ahí donde la disputa abandona el terreno físico para trasladarse al universo de las percepciones.
Las confrontaciones contemporáneas ya no buscan únicamente controlar territorios. Buscan organizar la forma en que las personas interpretan esos territorios. La batalla decisiva ocurre en el significado de los acontecimientos.
Si el liderazgo de María Corina se asocia con incertidumbre, confrontación o desorden, impedir su avance parece un acto de responsabilidad.
Si ese mismo liderazgo queda vinculado con rescate, solidaridad y coordinación, la ecuación política cambia por completo.
Las sociedades no reaccionan solamente ante los hechos. Reaccionan ante el sentido que esos hechos adquieren.
El intento de impedir el regreso de María Corina puede entenderse, entonces, como un esfuerzo de la interina y Trump por preservar un determinado mapa mental: la idea de que cualquier modificación del equilibrio existente representa un riesgo mayor que las deficiencias del propio sistema.
Ese razonamiento contiene una paradoja difícil de escapar.
Cuanto mayor es el esfuerzo por bloquear un símbolo, mayor suele ser la fuerza que ese símbolo adquiere. Toda prohibición comunica algo que va mucho más allá de su objetivo inmediato.
La conversación pública deja de concentrarse en por qué alguien desea entrar. Empieza a preguntarse por qué resulta necesario impedirle el paso.
En política, las intuiciones suelen llegar mucho antes que las justificaciones. Primero aparece una sensación de amenaza. Después llegan los argumentos destinados a hacerla razonable.
Se habla de estabilidad.
Se habla de prudencia.
Se habla de gobernabilidad.
Todos son conceptos legítimos.
Pero también pueden convertirse en el lenguaje mediante el cual un sistema intenta preservar un orden que percibe cada vez más frágil.
Los gobiernos administran carreteras, presupuestos y ministerios. También administran expectativas. Y las expectativas cambian con mucha mayor velocidad que las instituciones.
El terremoto venezolano alteró precisamente ese orden invisible. La sociedad dejó de preguntarse únicamente quién ocupaba el poder y comenzó a preguntarse quién era capaz de ejercerlo cuando más hacía falta.
Ese desplazamiento modifica el punto desde el cual se distribuye la confianza y cuando cambia la confianza, cambia también la arquitectura del poder. Porque el poder nunca reside exclusivamente en los edificios públicos. Reside, sobre todo, en la capacidad de convencer a una sociedad de que existe alguien dispuesto a protegerla.
La historia demuestra que los gobiernos rara vez comienzan a debilitarse por una derrota militar. Con mucha mayor frecuencia empiezan a erosionarse cuando descubren que necesitan impedir la presencia de María Corina para preservar la autoridad de todo un sistema.
En ese instante, el problema deja de ser la líder de las fuerzas democráticas.
El verdadero problema es el reconocimiento implícito de que una presencia puede reorganizar la imaginación colectiva de un país entero y cuando Delcy empieza a protegerse de un símbolo con la misma intensidad con la que antes se protegía de un ejército, probablemente la batalla decisiva ya no esté ocurriendo en los aeropuertos, ni en las calles, ni en Miraflores.
Está ocurriendo allí donde realmente cambia el destino de las naciones: en la conciencia colectiva de una sociedad que empieza a distinguir entre quienes encarnan la posibilidad de un futuro distinto y quienes representan la continuidad de casi tres décadas de chavismo.
Fuente: Emisora Costa del Sol 93.1 FM, Fran Tovar, julio 03, 2026.
Blog Página 2026 (35)

Comentarios